La globalización como todo escenario es, en este sentido, ambivalente. Puede ser buena o puede ser mala. Podrá promover la dignidad de las personas o por el contrario, promover sustitutos que se volverán tarde o temprano contra las personas. Por ejemplo, será positivo para las personas si acogemos el llamado del Papa a globalizar la caridad, la solidaridad, la centralidad de la persona en toda iniciativa pública. O será negativo si dejamos que algunas organizaciones globalicen el aborto, la anticoncepción y la mentalidad anticonceptiva, la homosexualidad, etc. En esta disyuntiva se inserta el aporte de los católicos a la nueva cultura global del cual nos habla Morandé. Una vez más se nos llama a ser “sal de la tierra y luz del mundo”.
El escenario de la globalización es una lucha cultural para determinar que valores se universalizan. Lucha que establece una vez más la misión de la Palabra que busca transformar el mundo. Pero además en el tema especifico de la defensa de la vida y de la familia, combatimos a un movimiento internacional de control poblacional cuya promoción de la anticoncepción y del aborto tiene un mensaje profundamente anti cristiano. Con millones de dólares invertidos en una propuesta ideológica y un incesante mensaje mediático, estaríamos hablando de una de las fuerzas descristianizadoras de la cultura más potentes en la actualidad.
Siempre hemos denunciado con razón a USAID, pero...
El gobierno de los Estados Unidos ha sido uno de los actores principales en el establecimiento del control poblacional a nivel mundial. Siempre lo hemos sabido pero desde la aparición pública del Informe Kissinger lo sabemos a cabalidad: nunca se trató de ayuda para el desarrollo ni para los pobres, siempre fue tratar de eliminarlos porque los consideraban un peligro. Toda esa retórica de que “la planificación familiar constituía un elemento importante de un desarrollo y economía de un país” eran mentiras planificadas con dolo. Había la intención de engañar para perpetrar un daño para los pobres y un beneficio para los ricos.
Esto fue posible fundamentalmente a través de la decisión de unos billonarios que embarcaron en la empresa al gobierno de USA y por ende a su agencia de cooperación internacional, USAID. Por esta agencia han circulado cuantiosos fondos destinados a que organizaciones feministas y de planificación familiar (ahora recicladas bajo el concepto de “salud reproductiva”) desarrollen sus propuestas ideológicas y implementen servicios privados y públicos.
Décadas de esta sinergia en contra de la vida y de la familia han cobijado a generaciones de funcionarios tanto en USAID como en estas organizaciones pro muerte. Una investigación de campo sobre los nexos entre ambos grupos sin duda mostraría desde la estrecha camaradería hasta compadrazgos y matrimonio entre hijos, pues los funcionarios de USAID suelen ser de carrera y pasar largas estancias en un país. De cualquier modo, el dato más concreto es que los fondos de USAID año tras año terminan en las mismas pocas instituciones de siempre.
La lógica protesta de numerosas organizaciones pro vida con el reconocido liderazgo de la Iglesia Católica contra esta política neocolonialista norteamericana, sin duda solidificó aún más esta ligazón. Ellos se situaron más cerca de sus financiadores y los pro vida siempre en el otro bando. Esa fue una de las fortalezas del movimiento pro aborto. Sin embargo, los vientos han cambiado y nosotros debemos cambiar de estrategia para aprovecharla a nuestro favor.
Sé que para muchos sonará muy raro considerar a USAID como un aliado. Quizás hasta alguno habrá pensado que me equivoqué de Congreso y que esta ponencia no corresponde a un evento de la FIAMC sino a una reunión de una sucursal de la IPPF o de UNFPA. Déjenme explicarles por qué Population Research Institute considerar a USAID como un aliado es una estrategia que ha tenido resultados interesantes.
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¿Cuáles son algunos de estos cambios?
La última campaña para la elección presidencial en los Estados Unidos mostró sin dudas la fuerza política del movimiento pro vida en la primera potencia mundial. Todos fuimos testigos de una campaña casi unánime de los medios en contra de Bush por una variedad de razones a las que el movimiento pro aborto se sumó gustosa. Y Kerry sumándose a esa campaña creyó ganar hasta el último momento. Literalmente se fue a dormir ganador y se despertó con la amarga sorpresa de la derrota. Los días siguientes fueron de una letanía de expresiones de congoja de grupos feministas y pro abortistas. Minutos de silencio, insultos, rabia y depresión se multiplicaron en notas de prensa y cadenas de correos electrónicos. El análisis no soporta otra explicación: la posición en el tema del aborto decidió la elección a pesar de algunas debilidades políticas de Bush como la guerra de Irak.
Ha sido un trabajo de décadas para hacer del respeto a la vida del niño por hacer un tema político y electoral que, a partir de esta doble administración de Bush, originó también una mayoría pro vida en el Congreso de USA. Ciertamente no todos los republicanos votan siempre pro vida, aunque sí la gran mayoría, pero tampoco todos los demócratas votan siempre pro aborto. Esta circunstancia ofrece mucha más oportunidad para las denuncias de violaciones a los derechos humanos en el Congreso de USA y el consecuente retiro de fondos. Más posibilidades también para reformas en la normatividad que limita la exportación de la contracepción y el aborto con fondos estadounidenses.
Los cambios también han llegado a la Corte Suprema de Justicia y hasta la Administración Pública. USAID no ha sido la excepción. El reciente nombramiento de Randall Tobías como Administrador General de USAID en Washington DC es una señal de mejores tiempos. Y no precisamente porque sea pro vida, de hecho no tiene esa trayectoria, sino porque se espera que sea imparcial y honesto. Ya desde el periodo anterior con Andrew Natsios, muchos funcionarios incluso algunos de alto rango ya no compartían la filosofía antinatalista que imperó en USAID por décadas. ¿No es acaso un gran avance cuando lo usual ha sido combatir a un conglomerado de organizaciones con fondos americanos para imponer sus falacias y desinformación?
El Judo como estrategia
El judo es una técnica de lucha que usa la fuerza del adversario para poder vencerle. La reorienta en favor propio. Todos los cambios en la política norteamericana antes reseñados nos dan la posibilidad de redirigir el peso del sistema a favor nuestro. Sólo que tenemos que entrenarnos. De hecho ninguna persona se convierte en un buen judoka por el sólo hecho de querer empezar. Llegará a serlo con ayuda de un buen instructor y mucho entrenamiento.
Sin lugar a dudas, el judo como estrategia pro vida funciona. En primer lugar, porque el sistema en USA mal que bien funciona. Cuando se tiene una evidencia bien documentada y se pone en manos adecuadas, todo el peso del sistema cae sobre nuestros adversarios. E incluso de forma gratuita. Por otro lado, el órgano más sensible del movimiento pro aborto en América Latina es el bolsillo. En su gran mayoría los funcionarios de entidades controlistas y muchos profesionales enrolados a sus filas ( en muchos casos alquilados) no defienden una convicción personal. Son mercenarios. Sin dinero, no caminan.
Entonces, ¿Cómo usar la fuerza de USAID para nuestros propósitos? ¿De qué forma podremos capitalizar estos cambios para derrotar al movimiento pro aborto internacional?
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