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Boletín 30 (16/01/2006) PDF Imprimir
¿Sabe lo que es un votócrata?

Leo a Eulogio López. Recibo su boletín Hispanidad diariamente y disfruto de la agudeza de su análisis político y el fino humor que nos regala en sus Cartas del Director (ver enlace). En ellos los temas de la defensa de la vida y de la familia no le son ajenos. Y no podrían serlo porque simple y llanamente el futuro de España –como muchos otros de Europa- se ve amenazado por la alicaída salud de la institución familiar. En España se están llevando a cabo “reformas” largamente acariciadas por organizaciones feministas y “gays” favorecidas por el gobierno de Zapatero. Algunos piensan que los países de América Latina sufriremos esa “exportación”. Yo creo que es una excelente oportunidad para mostrar en qué acaban esas “reformas”.

Para entender todo ese entramado, la pluma de Eulogio es de gran ayuda. Escogí entre muchos artículos éste donde nos presenta una tendencia que se va haciendo (lamentablemente) común en los gobernantes actuales: la votocracia. Esta es una palabra nueva que busca reflejar la actitud de muchos políticos que alcanzan el poder democráticamente para luego reducir los derechos humanos a la mínima expresión. Un votócrata es, como dice Eulogio, un tirano de nuevo estilo, un déspota con ropaje y lenguaje de demócrata.

El Perú tuvo a su votócrata arquetípico en Fujimori con una re-elección “democrática” y a quien, como lo sentencia López, se debió sacar a fuerza de muchas marchas y no menos escándalos mediaticos. Pero no es un caso aislado por estos lares. También ha habido, y hay, otros gobernantes latinoamericanos no tan estridentes, citados también por Eulogio, cuyos gobiernos vienen auspiciando “reformas” al gusto y medida de los lobbys feministas y gays (entre otros).

Sin embargo no veo por qué limitar el término a los gobernantes. ¡Cuántos parlamentarios (diputados, senadores, concejales y demás gremios), ministros, dirigentes y todo tipo de personajes vemos a diario que usan una supuesta cuota de poder que le dan los votos para servirse a sí mismos conculcando los derechos de los demás! El problema de fondo no es nuevo. El mal del uso del poder es tan antiguo como el poder mismo. Pasar de servir a los demás (vocación del político) a servirse “de” los demás (práctica de los tiranos, que son siempre corruptos). Sólo que ahora con una refinada sofisticación: usar los mecanismos democráticos para desvirtuar la democracia.

Un caso de contacto inmediato con los temas de nuestras columnas podría ilustrar muy bien el punto. En el debate de la píldora del día siguiente en el Perú el gobierno, buscando una salida política, convocó a una Comisión de Alto Nivel. Su objetivo era estudiar el caso a profundidad e involucrar a las diferentes fuerzas sociales y entidades científicas. Hasta allí todo era impecablemente democrático. Sin embargo, el Ministro de Salud de turno se encargó de nombrar como Presidente de la Comisión al Dr. Fernando Sánchez Moreno, uno de los más radicales defensores de la píldora. El resto de la historia puede fácilmente suponerse. Coparon la representación de cada una de las instituciones participantes en la Comisión. A los que pensaban distinto los atacaron abierta y permanentemente en cada una de las reuniones (el blanco favorito fue la representante de la Conferencia Episcopal). Llegaron incluso a cambiar al representante de una universidad citado por su experticia en derecho constitucional y lo reemplazaron por una médica dirigente feminista reconocida. Y aquí viene el culmen de esta pequeña historia. Como no llegaban a una conclusión sobre constitucionalidad del mecanismo de acción de la píldora (el punto giraba en si era o no antiimplantatoria y por tanto, potencialmente abortiva), el Dr. Sánchez Moreno no tuvo mejor idea que someter la cuestión al voto. Y así la verdad científica, la legalidad y el respeto a la vida se determinó en una “muy previsible” votación por nueve votos contra tres. Si le das a cuidar al zorro el gallinero, él te va a explicar que comerse dos o tres gallinas por días es algo normal, ¿no les parece?

Entonces ¿sabe Usted lo que es un votócrata? Pues de aquí en adelante gracias a Eulogio López: un votócrata es alguien que, usualmente, odia la democracia.

El Gobierno Zapatero ha recibido con honores de gran estadista al nuevo presidente boliviano, Evo Morales, aún antes de su toma de posesión.

Se repite desde los medios afines al zapaterismo que Morales ha vencido una elección democrática, y se oculta con decisión que no aceptó las anteriores elecciones, asimismo democráticas, en las que perdió, y tras las que se comportó como un matón, atentando claramente contra el Gobierno democrático con todo tipo de amenazas, huelgas salvajes, cortes de carreteras e imposición de su propia ley en las zonas del país que controlaba, que no eran pocas ¿Qué es un demócrata?, ¿el que respeta los resultados electorales cuando gana, o también cuando pierde?

Y más. Evo Morales no tiene una ideología democrática porque lo que pretende es la revolución marxista, ahora vestida de indigenismo. Sus modelos son Castro, dictador permanente, y Chávez, que ya ni disimula, y certifica legalmente, que se va a quedar otro cuarto de siglo… por el momento. Chávez ha llegado al poder por procedimientos democráticos –al igual que Hitler o los fundamentalistas turcos- pero sólo podrá ser sacado de él como Hitler o los fundamentalistas turcos: por un procedimiento tan poco democrático como la fuerza; él no deja otra opción. Hitler llegó al poder sin pucherazos, pero no era un demócrata, era un votócrata. El voto democrático sólo lo quería para terminar con la democracia.

Morales no está aún en la posición de Chávez ni de Castro, ni de Hitler. Pero, por el momento, no ha hecho otra cosa que rendir pleitesía a los dos tiranos más peligrosos del mundo hispan Castro y Chávez. Han sido sus primeras visitas al exterior. La tercera es España.

Y todas estas aparentes contradicciones derivan de una confusión muy habitual: la democracia no consiste en elecciones libres. Ese es un instrumento necesario pero no la raíz ni el objetivo de una democracia, el mejor sistema posible. La democracia consiste en el respeto a los derechos humanos de la persona: derecho a la vida, derecho la propiedad, derecho a ganarse una vida digna, derecho a expresarse con libertad, derecho a adoptar la religión que más le convenga, derecho al cultura, derecho a moverse sin barreras, etc. Dictatorial es el gobierno que dificulta o impide esos derechos; democrático es el Gobierno que no sólo los respeta sino que los tutela. El Gobierno que no respeta y ampara esos derechos, no es democrático, por muy democráticamente que haya llegado al poder. De otra forma, se plantea la eterna pregunta de Aristóteles: ¿Qué es democracia, lo que quieren los demócratas o lo que preserva la democracia?

El nuevo indigenismo de Evo Morales y compañía pretende lo primero, pero la respuesta está en lo segundo. En definitiva, el indigenismo hispano, y otros muchos tiranos, como es el caso del ruso Vladimir Putin, no representan a la democracia, sino a lo que podríamos llamar “votocracia”, o gobierno del voto.

Sólo les interesan las urnas como medio para destrozar el sistema, y su principal obsesión consiste en seguir ganando elecciones sin pucherazos, para los que necesitan controlar todos los resortes de poder, especialmente los medios informativos, altavoces e la libertad de expresión. Ese es el nuevo tipo de tirano, el déspota democrático, más bien, votocrático.

Y es que nadie puede violar esos derechos aunque haya obtenido el 101 por 100 de los votos escrutados. Que es lo mismo que decir: aunque la inmensa mayoría de la población, por razones muy democráticas, considere que yo debo ser fusilado, los derechos humanos no sólo me permiten defenderme para evitarlo, sino incluso defenderme con medios proporcionales a la agresión. Simplemente, porque mi derecho a la vida es anterior y está por encima de… una decisión democráticamente tomada por la mayoría.

Evo Morales todavía tiene que demostrar que es un demócrata. Los primeros pasos que ha dado presagian lo contrario. En principio, estamos ante un dictador populista y demagogo, que sigue los pasos de Castro, Chávez, Ortega, Toledo, Kirchner o Tabaré. Un representante más de la “votocracia”.

Y es que el tirano de hoy sigue el esquema Putin: ya no se pretende la revolución marxista, o fascista del siglo XX, lo que se pretende es Popucracia: ganar el poder democráticamente y luego reducir los derechos individuales a la mínima expresión. Reparen en que pocos dictadores con muchos años en el poder pierden unas elecciones o un referéndum realmente democráticos. Es lógico, todos los resortes sociales están en su poder, y sus triunfos electorales son ideológicamente incontestables. Pero siguen siendo unos repugnantes tiranos.

Eulogio López

 

Rodríguez Zapatero

Hugo Chavez

Evo Morales

 

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