| Han marchado todos los 22 de Enero en pleno invierno en frente al local de la Corte Suprema, han creado ayudas para muchas mujeres que están en riesgo de abortar y también para mitigar el dolor de las que lo hicieron y sufren el síndrome post aborto, se han sentado a rezar frente a las clínicas de aborto, han hecho sentir su fuerza con el voto por un Presidente, un Parlamento y autoridades pro vida y muchísimas cosas más. Sin embargo, la Corte Suprema mantenía incólume la legalidad del aborto.
Inclusive en 1987 Norma Mc Corvey, nombre verdadero de “Jane Roe”, dio testimonio que la evidencia usada en ese juicio era falsa. Declaró que no había sido violada, que cometió perjurio instada por su abogada y que el padre del niño era un compañero de estudios. Desde ese momento, Mc Corvey encabezó una movilización popular para revocar el fallo apoyada por el testimonio de centenares de mujeres que abortaron y ahora se arrepienten.
No obstante, hoy estamos frente a una coyuntura que puede cambiar realmente la historia. El retiro de la jueza Sandra Day O´Connor ha creado la posibilidad de que el Presidente Bush nomine al juez John Roberts para reemplazarla. La elección del candidato no fue nada fácil. De antemano se esperaba que los defensores del aborto combatan cualquier nominación del Presidente en resguardo del fallo Roe vs. Wade. Cualquier ángulo o detalle que permitiera vetarlo sería aprovechado al máximo. Incluso cualquier muestra de su posición en el tema del aborto podría ser usada en su contra. Roberts con una hoja de servicios impecable los ha puesto en apuros.
Todavía quedaría una última jugada de los senadores demócratas pro aborto para detener la inminente ratificación de Roberts por parte del Senado. Se denomina “filibuster”. Y es una usanza parlamentaria por la cual una minoría puede impedir indefinidamente una votación en el Senado. Es un entrampamiento solamente justificado por una causa de fuerza mayor. De ser injustificada, y este es el caso de la nominación de Roberts, el costo político sería muy alto.
Lo trascendido en prensa tampoco ha favorecido a los defensores del aborto. Una encuesta realizada por la empresa Ipsos- Public Affairs y publicada por el Washington Post muestra que el 59% de los norteamericanos piensan que el Senado debería ratificar a Roberts y sólo el 23% se opone. Otra encuesta hecha por Gallup y publicada por CNN y USA Today muestra que el 72% de los encuestados dicen que una oposición al fallo Roe vs. Wade no lo debería descalificar como candidato.
Por todo ello se ha generado una gran expectativa por saber cuál será el rol de Roberts en la Corte Suprema.

El Presidente Bush ha nominado al juez John Roberts de la Corte de Apelaciones del DC a la Corte Suprema de los Estados Unidos. La interrogante actual para los conservadores es si el juez Roberts, de ser confirmado por el Senado, ayudará a poner coto al desorden moral impuesto judicialmente que ha legalizado el aborto en Estados Unidos para no mencionar la pornografía y la homosexualidad. Por lo que sabemos hasta ahora, la respuesta es afirmativa.
Dejaremos el análisis del record jurídico a los expertos en la materia y nos ocuparemos de aquello que sabemos sobre su vida familiar y religiosa. Primero está el hecho del Catolicismo de Roberts. Creció en una familia católica, fue a un colegio católico y es miembro de una comunidad católica. Ahora bien, admitimos que la pertenencia a una comunidad católica por sí sola no lo sitúa automáticamente entre aquellos que votarán para anular el fallo de Roe vs. Wade. De hecho, hay muchos “católicos” en Washington quienes, como Ted Kennedy, trabajan en sentido opuesto a lo que la Iglesia Católica enseña acerca de la vida y la familia. A ellos los denominamos “CINOs” (Catholics in the Name Only = Católicos sólo de nombre).

La Corte Suprema de los Estados Unidos ha mantenido incólume la legalidad del aborto a pesar del rechazo popular al aborto.
Por el contrario y como dicen algunos de nuestros amigos, Roberts es una persona “devota”. La parroquia en Washington DC donde asisten él y su familia es conocida por su ortodoxia. Más aún, participa en la Misa todos y cada uno de los domingos. Él, que guarda el tercer mandamiento “santificarás las fiestas”, seguramente cumplirá con los otros mandamientos también, incluyendo el quinto “No matarás”.
Otro signo de su respeto por la santidad de la vida es que él y su esposa, aparentemente incapaces de tener niños propios, han adoptado dos niños, un varón y una mujer. Ciertamente hay parejas en Estados Unidos que han adoptado un niño y no son pro vidas. Podría pensarse que se trate de uno de aquellas parejas que terminaron siendo infértiles por la edad, una infección o un aborto, y adoptaron un niño por “vivir la experiencia”.
Sin embargo, aquellas parejas que adoptan un segundo niño casi siempre tienen un real aprecio por la vida. Ellos están muy dolorosamente concientes por su propia experiencia que la adopción no sólo es costosa en términos económicos, sino que en tiempo de dedicación y en costo emocional es un reto también. Ellos saben que incluso una mujer joven que rechaza el aborto a favor de la adopción puede cambiar de opinión en el último momento, dejando a los posibles padres adoptivos con un cuarto niños preparado pero vacío, y con el corazón hecho pedazos. Y ellos saben que el aborto a demanda y la desintegración familiar es la causa de la situación actual.
Mientras que en el record de Roberts no hay evidencia de su punto de vista sobre Roe vs. Wade, su esposa no ha tenido una posición ambigua al respecto. Jane Sullivan Roberts tiene una larga trayectoria en un grupo pro vida de Washington DC denominado Feminist for Life ( Feministas por la Vida). Ha desempeñado el cargo de Vicepresidenta Ejecutiva de esta organización desde 1995 hasta 1999, y actualmente es consejera legal ad honorem. En otras palabras, la esposa de John Roberts es una activista pro vida. Ella es una de nosotros.
| ¿ John Roberts, el candidato nominado por el Presidente Bush para la Corte Suprema de los Estados Unidos, hará jurisprudencia a favor de la vida ? Creemos que la respuesta es que sí.
Steven W. Mosher
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Visto todo en conjunto, creemos que esto significa que el Presidente Bush ha cumplido la promesa que hizo en público a millones de americanos en las elecciones del 2000 y el 2004 de nominar a la Corte Suprema a jueces como Clarence Thomas y Antonin Scalia. Y es importante notar que ambos, toman muy en serio su fe católica. Scalia tiene nueve hijos (uno de ellos sacerdote) y Thomas es un converso.
Pocos podrán negar que alguien con una fe tan profundamente arraigada en una visión Trinitaria del mundo será capaz de revertir el caos moral en el que ha caído la Corte bajo la influencia de jueces como Stevens, Souter, Ginsburg y Breyer. Y sólo una persona como él tendrá el coraje moral para terminar con el aborto a demanda, restaurar la santidad del matrimonio, fortalecer la familia, permitir que la fe puede ser expresada públicamente y restituir un adecuado balance entre los poderes del Estado. En resumen, alguien que trabaje para corregir el desorden moral que ha sido impuesto judicialmente en los últimos 30 años.
Los pro abortistas y sus aliados en los medios de comunicación, las universidades y en los directorios de fundaciones están azuzando a sus aliados pro aborto en el Senado para no ratificar al juez Roberts. Al menos algunos Senadores, y esto es virtualmente cierto, intentarán las mismas desagradables tácticas de aniquilamiento sobre Roberts que terminaron con las posibilidades del juez Robert Bork en la década de los ochenta.
La única manera de detener esta “Borkinización” sobre Roberts es una estrategia política que los desafíe y los derrote. Tenemos la oportunidad generacional de regresar a la Corte a los principios constitucionales y proteja a los niños por nacer en los Estados Unidos.
Con el juez Roberts en la Corte Suprema, la historia puede cambiar.
Ver :: Boletín 21 (27/07/2005)
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