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¿Sabe lo que es un votócrata?
Leo a Eulogio López. Recibo su boletín Hispanidad diariamente
y disfruto de la agudeza de su análisis político y el fino
humor que nos regala en sus Cartas del Director
(ver
enlace ).
En ellos los temas de la defensa de la vida y de la familia no
le son ajenos. Y no podrían serlo porque simple y llanamente
el futuro de España –como muchos otros de Europa- se ve
amenazado por la alicaída salud de la institución familiar. En
España se están llevando a cabo “reformas” largamente
acariciadas por organizaciones feministas y “gays” favorecidas
por el gobierno de Zapatero. Algunos piensan que los países de
América Latina sufriremos esa “exportación”. Yo creo que es
una excelente oportunidad para mostrar en qué acaban esas “reformas”.
Para entender todo ese entramado, la pluma de Eulogio es de
gran ayuda. Escogí entre muchos artículos éste donde nos
presenta una tendencia que se va haciendo (lamentablemente)
común en los gobernantes actuales: la votocracia. Esta es una
palabra nueva que busca reflejar la actitud de muchos
políticos que alcanzan el poder democráticamente para luego
reducir los derechos humanos a la mínima expresión. Un
votócrata es, como dice Eulogio, un tirano de nuevo estilo, un
déspota con ropaje y lenguaje de demócrata.
El Perú tuvo a su votócrata arquetípico en Fujimori con una
re-elección “democrática” y a quien, como lo sentencia López,
se debió sacar a fuerza de muchas marchas y no menos
escándalos mediaticos. Pero no es un caso aislado por estos
lares. También ha habido, y hay, otros gobernantes
latinoamericanos no tan estridentes, citados también por
Eulogio, cuyos gobiernos vienen auspiciando “reformas” al
gusto y medida de los lobbys feministas y gays (entre otros).
Sin embargo no veo por qué limitar el término a los
gobernantes. ¡Cuántos parlamentarios (diputados, senadores,
concejales y demás gremios), ministros, dirigentes y todo tipo
de personajes vemos a diario que usan una supuesta cuota de
poder que le dan los votos para servirse a sí mismos
conculcando los derechos de los demás! El problema de fondo no
es nuevo. El mal del uso del poder es tan antiguo como el
poder mismo. Pasar de servir a los demás (vocación del
político) a servirse “de” los demás (práctica de los tiranos,
que son siempre corruptos). Sólo que ahora con una refinada
sofisticación: usar los mecanismos democráticos para
desvirtuar la democracia.
Un caso de contacto inmediato con los temas de nuestras
columnas podría ilustrar muy bien el punto. En el debate de la
píldora del día siguiente en el Perú el gobierno, buscando una
salida política, convocó a una Comisión de Alto Nivel. Su
objetivo era estudiar el caso a profundidad e involucrar a las
diferentes fuerzas sociales y entidades científicas. Hasta
allí todo era impecablemente democrático. Sin embargo, el
Ministro de Salud de turno se encargó de nombrar como
Presidente de la Comisión al Dr. Fernando Sánchez Moreno, uno
de los más radicales defensores de la píldora. El resto de la
historia puede fácilmente suponerse. Coparon la representación
de cada una de las instituciones participantes en la Comisión.
A los que pensaban distinto los atacaron abierta y
permanentemente en cada una de las reuniones (el blanco
favorito fue la representante de la Conferencia Episcopal).
Llegaron incluso a cambiar al representante de una universidad
citado por su experticia en derecho constitucional y lo
reemplazaron por una médica dirigente feminista reconocida. Y
aquí viene el culmen de esta pequeña historia. Como no
llegaban a una conclusión sobre constitucionalidad del
mecanismo de acción de la píldora (el punto giraba en si era o
no antiimplantatoria y por tanto, potencialmente abortiva), el
Dr. Sánchez Moreno no tuvo mejor idea que someter la cuestión
al voto. Y así la verdad científica, la legalidad y el respeto
a la vida se determinó en una “muy previsible” votación por
nueve votos contra tres. Si le das a cuidar al zorro el
gallinero, él te va a explicar que comerse dos o tres gallinas
por días es algo normal, ¿no les parece?
Entonces ¿sabe Usted lo que es un votócrata? Pues de aquí en
adelante gracias a Eulogio López: un votócrata es alguien que,
usualmente, odia la democracia.
Carlos Polo
Samaniego
Director de la Oficina para América Latina
Population Research Institute |
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El Gobierno Zapatero ha recibido con honores de gran
estadista al nuevo presidente boliviano, Evo Morales, aún
antes de su toma de posesión. |
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Se repite desde los medios
afines al zapaterismo que Morales ha vencido una elección
democrática, y se oculta con decisión que no aceptó las
anteriores elecciones, asimismo democráticas, en las que
perdió, y tras las que se comportó como un matón,
atentando claramente contra el Gobierno democrático con
todo tipo de amenazas, huelgas salvajes, cortes de
carreteras e imposición de su propia ley en las zonas del
país que controlaba, que no eran pocas ¿Qué es un
demócrata?, ¿el que respeta los resultados electorales
cuando gana, o también cuando pierde?
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Y más. Evo Morales no tiene una ideología democrática
porque lo que pretende es la revolución marxista, ahora
vestida de indigenismo. Sus modelos son Castro, dictador
permanente, y Chávez, que ya ni disimula, y certifica
legalmente, que se va a quedar otro cuarto de siglo… por
el momento. Chávez ha llegado al poder por procedimientos
democráticos –al igual que Hitler o los fundamentalistas
turcos- pero sólo podrá ser sacado de él como Hitler o los
fundamentalistas turcos: por un procedimiento tan poco
democrático como la fuerza; él no deja otra opción. Hitler llegó al poder sin pucherazos, pero no era un demócrata,
era un votócrata. El voto democrático sólo lo quería para
terminar con la democracia.
Morales no está aún en la posición de Chávez ni de Castro,
ni de Hitler. Pero, por el momento, no ha hecho otra cosa
que rendir pleitesía a los dos tiranos más peligrosos del
mundo hispan Castro y Chávez. Han sido sus primeras
visitas al exterior. La tercera es España.
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Y todas estas aparentes contradicciones derivan de una
confusión muy habitual: la democracia no consiste en
elecciones libres. Ese es un instrumento necesario pero no
la raíz ni el objetivo de una democracia, el mejor sistema
posible. La democracia consiste en el respeto a los
derechos humanos de la persona: derecho a la vida, derecho
la propiedad, derecho a ganarse una vida digna, derecho a
expresarse con libertad, derecho a adoptar la religión que
más le convenga, derecho al cultura, derecho a moverse sin
barreras, etc. Dictatorial es el gobierno que dificulta o
impide esos derechos; democrático es el Gobierno que no
sólo los respeta sino que los tutela. El Gobierno que no
respeta y ampara esos derechos, no es democrático, por muy
democráticamente que haya llegado al poder. De otra forma,
se plantea la eterna pregunta de Aristóteles: ¿Qué es
democracia, lo que quieren los demócratas o lo que
preserva la democracia?
El nuevo indigenismo de Evo Morales y compañía pretende lo
primero, pero la respuesta está en lo segundo. En
definitiva, el indigenismo hispano, y otros muchos
tiranos, como es el caso del ruso Vladimir Putin, no
representan a la democracia, sino a lo que podríamos
llamar “votocracia”, o gobierno del voto.
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Hugo Chavez |
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Evo Morales |
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Sólo les interesan las urnas como medio para destrozar el
sistema, y su principal obsesión consiste en seguir
ganando elecciones sin pucherazos, para los que necesitan
controlar todos los resortes de poder, especialmente los
medios informativos, altavoces e la libertad de expresión.
Ese es el nuevo tipo de tirano, el déspota democrático,
más bien, votocrático.
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Y es que nadie puede violar esos derechos aunque haya
obtenido el 101 por 100 de los votos escrutados. Que es lo
mismo que decir: aunque la inmensa mayoría de la
población, por razones muy democráticas, considere que yo
debo ser fusilado, los derechos humanos no sólo me
permiten defenderme para evitarlo, sino incluso defenderme
con medios proporcionales a la agresión. Simplemente,
porque mi derecho a la vida es anterior y está por encima
de… una decisión democráticamente tomada por la mayoría.
Evo Morales todavía tiene que demostrar que es un
demócrata. Los primeros pasos que ha dado presagian lo
contrario. En principio, estamos ante un dictador
populista y demagogo, que sigue los pasos de Castro,
Chávez, Ortega, Toledo, Kirchner o Tabaré. Un
representante más de la “votocracia”.
Y es que el tirano de hoy sigue el esquema Putin: ya no se
pretende la revolución marxista, o fascista del siglo XX,
lo que se pretende es Popucracia: ganar el poder
democráticamente y luego reducir los derechos individuales
a la mínima expresión. Reparen en que pocos dictadores con
muchos años en el poder pierden unas elecciones o un
referéndum realmente democráticos. Es lógico, todos los
resortes sociales están en su poder, y sus triunfos
electorales son ideológicamente incontestables. Pero
siguen siendo unos repugnantes tiranos.
Eulogio López
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